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Friday, September 29, 2006

El Mito del Exilio Desorganizado

El Mito del Exilio Desorganizado
2006-09-29
Luis Baralt

Madrid, 28 de septiembre de 2006. El exilio cubano, entre los que
salieron de la Isla y los que son nacidos en el exilio pero no por eso
menos cubanos, suma probablemente varios millones. Los hay de todas
clases: viejos y chapados a la antigua (probablemente se encontrarían en
la Cuba de hoy como pez fuera del agua); nacidos en el "extranjero" de
primera, segunda o hasta tercera generación (en la mayoría de los casos,
no todos, todavía sujetos a una esencia de tradición cubana bastante
persistente en el tiempo debido a la solidez de su formación nacional, y
tocaré este tema abajo en mayor detalle); y los que habiendo salido en
años más recientes son entre maduros y jovencísimos (pero lógicamente
más formados, o tocados, por la revolución castrista).

No obstante, en general destaca entre ellos una condición común menos
característica de otras emigraciones políticas, la de su concentración
masiva en tierras de la Florida, por razones obvias de proximidad
geográfica. Y no es que no los haya también ampliamente distribuidos por
el mundo en general. De la ejemplar colonia cubana en el estado de Texas
tengo noticias frecuentes. De la bastante numerosa y activa en Suecia,
digo igual. De la de Madrid, en España, el autor es una parte minúscula.
En fin, estoy seguro de que debemos tener representantes hasta en
Timboctú y en el Polo Sur. Pero la realidad es que una concentración muy
densa se encuentra en el estado floridano e, incluso, ha influido en
acontecimientos tan importantes como el otorgarle la reelección al
Presidente Bush en la última consulta electoral de su país.

En cuanto a su indiscutible (aunque algunos la discutan) solidez
nacional, se puede afirmar que se halla entre las más destacables de
América. El alma nacional cubana estaba ya formada desde temprano en el
siglo XVIII, y en el siguiente procuró reafirmarse casi incesantemente,
desde el principio de las guerras emancipadoras del resto del
continente. La condición insular de Cuba, y la primacía que le dedicaba
España en defensa de sus derechos coloniales, impidieron su emancipación
hasta tarde en el citado siglo, pero es de observar que tuvo que dedicar
la metrópoli a su defensa, sólo en la última fase del proceso, más de
doscientos mil soldados, cifra mayor que a la que recurrió para
enfrentarse a las revoluciones de San Martín, Sucre, Bolívar e Hidalgo
en su conjunto. Y la figura de José Martí es, de por sí, tan
aglutinadora que puede avisarse que mejor no se la toquen a un cubano,
ya que seguramente saltará furibundo más presto que un integrista
islámico si le tocan a Mahoma.

Las emigraciones de otras dictaduras, como la soviética, la nazi en
Alemania, la fascista en Italia, o la franquista en España, se
dispersaron por todo el mundo. Claro, acabaron muchos alemanes en Suiza,
italianos y españoles en Francia, también por proximidad geográfica,
pero no en el grado de concentración de los cubanos en Miami y
alrededores. Y no se hable de los rusos "blancos", que se dispersaron
por toda Europa y América y que nunca brillaron por su capacidad
organizativa. Y, sin embargo, hemos conquistado los cubanos del exilio
el título indiscutido del "exilo desorganizado", el "exilio caótico", el
"exilio vociferante" y "exasperante" e "irreconciliable" y todo lo que
se quiera añadir para desprestigiar a un grupo humano que sólo coincide
en su amor por la Libertad. (Valga la salvedad de Álvaro Vargas Llosa,
que en algún momento nos llamó el "exilio indomable".)

Tengo que reconocerlo. Yo he sido uno de los auto-críticos del exilio, y
he abogado vehementemente por la unión, la cooperación, el hacernos
concesiones mutuamente, el lograr una representación unitaria, como por
ejemplo, durante los primeros años, un gobierno en el exilio. Todo en
vano, por supuesto. Sin embargo, estoy forzado a admitir que en gran
parte la culpa de no habernos entrelazado o coordinado mejor no ha sido
sólo nuestra. Las circunstancias han conspirado contra nosotros; los
gobiernos democráticos del mundo han conspirado contra nosotros. Unos,
por intereses políticos partidistas, otros por intereses económicos o
nacionalistas, otros por efecto de la cizaña sembrada por nuestro
Némesis castro-comunista y sus aliados "Demagogia", "Ignorancia" y
"Oportunismo". Y el mundo entero, en su absoluta "desconflautación"
actual, ha conspirado contra nosotros. Pero eso no es a lo que voy.

En realidad, por más que busco en la historia reciente del mundo, no veo
otros exilios políticos que hayan estado mucho mejor organizados que
nosotros. Lo de los Rusos Blancos es risible. Los rusos exiliados se
dedicaron a lo que mejor sabían hacer para ganarse la vida, o
simplemente a conservar sus costumbres aristocráticas y poblar a las
capitales europeas y centros económicos de los Estados Unidos con
príncipes y princesas a tres por cuarto. En el mejor de los casos, a
conservar sus costumbres culturales, como una familia que conocía yo en
Chicago que de ruso no conservaban una palabra, o quizá media, más
algunas del francés, pero que todos los años me convidaban a dos
fiestas: una, en Navidad, para servirnos delicadezas de la cuisine rusa,
y otra en la Pascua, donde se especializaban en huevos coloreados
escondidos en el jardín (por cierto, que llegaron a imponer esta
tradición en buena parte del universo). La detestada dictadura en su
país duró (en cierto modo, es cuestionable el que se haya acabado) tres
cuartos de siglo.

Lo mismo poco más o menos se puede decir del exilio español. Crearon un
gobierno en el exilio que sólo reconocían, si mal no recuerdo, París y
México, y al que sólo hacían caso protocolariamente algunos políticos, y
menos exiliados. Estos últimos se dedicaron a enseñar en universidades
americanas y ganarse la vida, lo que está muy bien, y de paso construir
algunas de las fortunas personales más grandes de América (los Ferrer,
de publicidad, el de las Coronitas, Arango del VIPS, etc.). Y de los
exiliados del nazi-fascismo (Alemania, Italia) ¿qué se puede decir?
Poco o nada; se integraron magníficamente en los países diversos a los
que huyeron, y entre los americanos y los ingleses se encargaron éstos
de lidiar con Hitler y Mussolinni. ¿Qué quiero decir con esto? ¿Que no
debemos unirnos u organizarnos? No, por supuesto. Pero quiero sentar las
bases para afirmar que no estamos tan desorganizados como se presume.

En Miami, en Washington, en Chicago… los cubanos han organizado grupos e
instituciones de estudios cubanos importantes. Existen infinidad de
sitios Web y periódicos digitales especializados en recoger aspectos de
la cultura cubana y que abundan en información casi exhaustiva al
respecto. Algunos están dedicados al estudio y la divulgación de los
principios de la democracia participativa y la sociedad civil en todas
las comunidades, no sólo la cubana. Los esfuerzos por mirar al pasado,
con crítica constructiva, y al futuro con planes organizativos y
constitucionales, es verdad que pueden divergir, pero abundan los que
son ampliamente reflexivos. En Miami y en buena parte de la Florida los
cubanos han sido motores en la creación de asociaciones culturales,
museos e instituciones de estudios avanzados modélicos. Se han
organizado estudios de los resultados post-sovietización de las naciones
del Este europeo, a fin de prevenir los baches o cenagales que se
vislumbran para una Cuba después del Cambio.

Los cubanos exiliados han dedicado decenios, es cierto, a mejorar sus
propias perspectivas económicas en el estado de la Libertad, pero al
mismo tiempo han aprendido que ésta conlleva responsabilidades, deberes,
sudor y muchas dificultades, a superar. Se han formado grandes
capitales, muchos de los cuales implican la posibilidad de invertirlos
en una Cuba devastada por la incompetencia, el subdesarrollo (o mejor
sea dicho, la "deconstrucción") y la falta de Libertad, una vez que
desaparezca el régimen.

Y llego al quid de la cuestión. ¿Cómo va a desaparecer ese régimen? Pues
no lo sé, lo reconozco. Pero una cosa sí sé. Al igual que muy
certeramente se ha dicho que las civilizaciones tienden a desaparecer a
la medida que sus miembros empiezan a padecer de sobrepeso mórbido, los
regímenes o gobiernos tienden a colapsarse a la misma medida en que se
extrema la escualidez mórbida de sus poblaciones. ¿Y quién duda que el
estado tal de necesidad, de poca salud (con los estragos del dengue, la
tifoidea y la morbidez ocular) y de endeblez generalizada de la
población cubana en la actualidad es de mucho cuidado? Que el régimen se
desplome no es de cuestionar, y con toda probabilidad lo hará más bien
pronto que tarde (es decir, tarde ya es, puesto que ha durado 47 años,
pero me refiero relativamente al día de hoy); sin embargo, el cómo ya es
otro perro.

El que se organice el exilio, a estas alturas, es cuestión académica e
inmaterial. Ningún exilio ha tumbado a un régimen entronizado. Y pocos
exilios se han organizado, en lo que permiten las circunstancias, tan
productiva y constructivamente como el exilio cubano. Lo que me permite
afirmar que sí, efectivamente los motores o fulminantes inmediatos al
colapso del régimen es probable, o posible, que se encuentren
actualmente en la Isla, pero el día siguiente al cambio, este exilio
cubano desorganizado, vociferante, irreconciliable e inmanejable va a
tener mucho que contribuir, con su experiencia de la Libertad, a
reconstruir una Cuba próspera y nueva.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=7117

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